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Escrito por Gloria Corrons
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Viernes, 09 de Abril de 2010 16:31 |
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(KZQZKUNAED3S)
D I O N Y S I A, La Decadencia
Roma, 222 d. C.
ionysia estaba asomada al gran ventanal de su lujosa casa. Por las concurridas calles de Roma podían verse caminar a toda clase de diversos personajes, desde el parásito, el bufón, el esclavo y el mísero, al anfitrión, el potentado, el derrochador y el liberto convertido en nuevo rico.
Ninguna otra ciudad era testigo de aquel peculiar y extraordinario desfile de atuendos y tocados, pues era visitada por gentes de todos los confines del imperio, desde el hispano, el galo, el germano, el britano, el sirio, el egipcio y sobre todo el griego, formando un abigarrado y colorido conjunto.
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Última actualización el Lunes, 26 de Abril de 2010 16:40 |
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Escrito por Gloria Corrons
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Viernes, 12 de Marzo de 2010 16:48 |
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Gertrud, El Padre
Los germanos, 100 A.C.
odos los componentes de la tribu participaban en el trabajo del campo y los productos de la tierra se distribuían entre las familias, pero la tierra pertenecía a la tribu antes que a la familia y antes que al individuo. Este era el sistema de propiedad común establecido por el pueblo germano, donde el hombre sólo era dueño de su propia habitación, y sin embargo, cada hombre y cada mujer poseía la rica sencillez que da la pobreza.
Vivían en poblados aislados diseminados aquí y allá, siempre alrededor de un bosque, una fuente o un fértil campo. Y en una de aquellas aldeas nació Gertrud. Su casa estaba construida en madera como las demás, cercada por una empalizada que dejaba un amplio espacio alrededor, en cuyo interior se hallaba un pozo de donde provenía el agua necesaria para abastecer a la familia y a los animales. Todos se alimentaban principalmente de leche, queso, carne y frutos del campo y aparte de ser ganaderos y agricultores habían sido siempre cazadores orgullosos y valientes.
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Escrito por Gloria Corrons
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Sábado, 02 de Enero de 2010 16:45 |
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A L E J A N D R O, El Héroe
Macedonia, 324 a. C.
nclinaba el cuello un poco hacia el lado izquierdo, aquel era su único defecto, que él trataba de ocultar escondiéndolo ligeramente con su túnica, porque un Dios no podía tener defectos y sus súbditos solían decir que Alejandro no era hijo de su padre, Filipo, rey de Macedonia, sino del Dios Zeus.
A Olimpias, su madre, nunca parecieron gustarle esas habladurías, porque tenía miedo de despertar la cólera de la diosa Hera, esposa de Zeus y porque ella sabía que Filipo, su esposo, era en verdad el padre de su hijo.
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Última actualización el Domingo, 31 de Enero de 2010 09:16 |
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Escrito por Gloria Corrons
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Domingo, 31 de Enero de 2010 09:06 |
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ARESDRE Y ALOR, Los Celos
Celtas, Pirineos, 300 a. C.
l banquete estaba en su mejor momento, todos los comensales hablaban animadamente y reían con sonoras carcajadas y a medida que la comida se regaba con abundante cerveza, aumentaba gradualmente la excitación de todos los reunidos alrededor de la larga mesa, hasta el punto, que los también abundantes manjares amenazaban ser regados también con sangre.
Alor formaba parte del grupo de hombres y mujeres que participaban en la gran comilona, destacaba de entre todos ellos por su locuacidad llena de ingenio, demostrando con sus gestos que era inquieto y expansivo. y Aquel día, además, se hallaba de un excelente buen humor.
El joven celta era un claro exponente de su raza: piel blanca y tez sonrosada. Lucía una larga cabellera lacia y rojiza sobre la mitad de sus hombros y mucho bigote, partido en dos grandes bandas simétricas, muy perfiladas y algo caídas por su propio peso. Aunque no llevaba barba, una pequeña y suave perilla apuntaba en su mentón, que él acariciaba sensualmente mientras hablaba, orgulloso de este signo de noble cuna.
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Última actualización el Viernes, 12 de Marzo de 2010 16:47 |
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Escrito por Gloria Corrons
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Domingo, 06 de Diciembre de 2009 19:53 |
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SULKA Y ETZE, la danza
Los Íberos. 400 A.C.

alieron del poblado de madrugada, era un pequeño grupo de hombres y mujeres de pequeña estatura y piel morena. Sus largos cabellos, que llegaban hasta la mitad de su espalda, ondulaban al viento. Pendiente del hombro, sobre uno de sus costados, transportaban sus útiles y alimentos dentro de un jubón teñido de rojo y verde, los pies calzados con sandalias, sujetas por unas cintas que se entrecruzaba hasta la rodilla. Incansables caminantes, acostumbrados al largo camino que debían de recorrer, llevaban las piernas protegidas con correas de metal y polainas de cuero, puesto que debían de cruzar valles angostos y pedregosos caminos, subir altas cimas y atravesar regiones desérticas, ya que habitaban en un país montañoso de paisajes diversos y debían estar preparados para cualquier eventualidad en el terreno.
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