
Los Cátaros tuvieron un auge importante en el siglo doce, principalmente en Lombardía, y la parte central de Italia. Posteriormente resultaron bastante diezmados por la cruzada llevada a cabo en Languedoc, entre los años de 1209 a 1229, además de las violentas acciones de la recién instaurada Inquisición y la combatividad de las órdenes de los dominicos y los franciscanos.
Dante tuvo pleno conocimiento de todo el rechazo que la ortodoxia religiosa de su tiempo tenía en contra de los cátaros y de las represivas consecuencias de esta actitud, y aunque en su Commedia no los menciona literalmente, ni a los albigenses, sí los alude en varias importantes ocasiones; en específico cuando ubica a dos importantes combatientes del catarismo, Santo Domingo y Folco de Marsella, en las regiones inefables del Paraíso.
Por lo que respecta al primero, Dante versa en el Canto XII del Paraíso, como se encuentra con el santo, en la esfera correspondiente al Sol, y lo menciona como uno de los combatientes más acérrimos en contra del “mondo errante”, es decir, los errores del mundo, una clara señal en contra de los albigenses. En cuanto al segundo, el famoso trovador-inquisidor, Folco de Marsella, en el canto IX de la misma parte tercera de la Commedia, cuando en compañía de Beatriz, el poeta florentino asciende por las sublimes regiones celestiales, se aparece la figura de este singular personaje, que de poeta apasionado, tras la muerte de su dama de pensamientos, se transformó en monje cisterciense, y luego en obispo de Toulouse. A Folco de Marsella se le recuerda por su feroz batallar en contra de la herejía asentada en el sur de Francia.
Finalmente, en las sombrías regiones de la Mansión del Dolor, en el sexto círculo, de acuerdo al Canto X del Infierno, Dante y Virgilio se cruzan en su travesía con Farinata degli Uberti, jefe de los gibelinos de Florencia, y figura muy admirada por el poeta. Se sabe que Farinata fue un decidido partidario de los cátaros. Tal es la razón por la cual Dante decide situarlo, en la primera parte de su obra magna, en el mismo nivel de castigo que merecen Epícuro y sus seguidores, en esta parte del Inframundo.
Como colofón, cabe reflexionar acerca de la verdadera postura de Alighieri ante el catarismo y los albigenses. Literatos tan perspicaces como Giovanni Papini y Jorge Luis Borges, han encontrado un cierto talante de contradicción voluntaria, introspectiva y confesional en ciertos episodios de la Commedia dantesca. La veneración atípica de Beatriz, la admiración por el Odiseo trasgresor y su formación en la escuela de ideas del Dolce Stil Nuovo- tal vez más emparentado de lo que se sabe con la orden templaria de los Fieles del Amor – son cuestiones que transformarían la perspectiva aparentemente condenatoria de Dante en contra del catarismo, y ameritaría por lo menos una investigación más profunda.




















