Si analizamos bien los acontecimientos que rodearon su azarosa vida, y su largo reinado, cuya historia podemos encontrar en el sitio de Catarismo, en el apartado de Salones Reales, bajo el título de Luis VII (1137/1180), nos damos cuenta que para él, el catarismo, seguramente no exisitió. Sus problemas se concentraron en las diferencias con los ingleses y las posesiones que perdió al separarse de Leonor de Aquitania.
Sin embargo fue bajo su reinado cuando el Catarismo creció y progresó hasta niveles que ya después nunca más volvería a recuperar.
Con la dinastía de los Carolingios, que tras los primeros años de imperio y esplendor, empezaron a dividir los territorios entre los hijos, Francia se había fragmentado en multitud de condados y pequeños reinos prácticamente independientes. Al acceder los primeros Capetos, su área de influencia era el área de París, de donde eran Duques. Pero ya desde el primero de ellos, Hugo Capeto, su idea principal se concretaba en recuperar el dominio sobre los territorios que habían imperado sus predecesores. Por ese motivo, el padre de Luis VII, con las miras puestas en este objetivo, había comprometido la boda de su hijo con la heredera de las posesiones más importantes, tanto por tamaño, como por situación estratégica frente a Inglaterra, que había en el antiguo imperio, las tierras de Aquitania. Pero Luis no supo mantener consolidado su matrimonio, a pesar de la insitencia del Papa y de su principal asesor, Suger, Abad de Saint-Denis, y fue, precisamente, tras la muerte de este último que el monarca aprovechó para separarse de Leonor. Ésta dejó claro que tenía unos objetivos y le faltó tiempo para desposarse con una joven promesa, el futuro aspirante a la corona de Inglaterra, el Conde de Anjou, Enrique II Plantagenet, 11 años más joven que ella, aportando, de esta forma, sus territorios a la corona de Inglaterra. A partir de ese momento las guerras entre Luis VII y Enrique II serán constantes, motivadas, principalmente, por el control territorial.
Luis VII, el Joven. Bibliothèque Nationale de France del Recueil des rois de France. (FR 2848, f 150)., por Jean Du Tillet (s. XVI). Imágen de dominio público.
Debido a esto, Tolosa aún quedaba lejos, pues estaba más al sur y al este de Aquitania y era un territorio menor, aunque por vasallajes, el de Tolosa llegaba hasta el Mediterraneo y el Pirineo, con los vizcondados de Carcasssona, Foix y Narbona.
Así que no le preocupaba mucho lo que sucedía tan al sur, sus objetivos inmediatos estaban situados más al norte. De aquí que todo el problema de la herejía recayó solamente en la Iglesia, que en ese momento solamente tenía el recurso de la dialéctica para intentar frenar el avance de la “herejía”.
Debido a esta “pobreza” de recursos que tenía la Inglesia Católica Romana y, mucho más importante, debido a la actitud materialista y prepotente de los distintos estamentos clericales, las herejías, en ese siglo, proliferaron por doquier, no solo el catarismo, también hubo otras importantes, como los valdenses, que serían barridos, en el siglo siguiente, junto con los cátaros.
Así que hay que constatar que aunque Luis VII vivió y reinó en la época de los cátaros, su aportación a la historia del catarismo fue más positiva que negativa, aunque fuese por ignorancia o inacción.




















